JUDAISMO HUMANISTA

O Judaismo Humanista é a pratica da liberdade e dignidade humana

Parashat “Jaié Sara” Autor: Rabino David Frankel*

Parashat “Jaié Sara”
Autor: Rabino David Frankel*

Interpretación y comentario
“La tierra de Israel es la cuna del pueblo judío”; así comienza la Declaración de Independencia sus palabras sobre la historia judía y la relación entre el pueblo de Israel y la tierra de Israel. A pesar de que esta frase se considera quizás obvia para muchos judíos, en realidad, es muy difícil comprobarla.
Ishaiahu Leibowitz dice punzantemente: “La Declaración de Independencia del Estado de Israel comienza con una mentira intencional. El pueblo judío no nació en la tierra de Israel, sino que llegó a la tierra de Israel como un pueblo consolidado”. Efectivamente, según la Torá, el pueblo de Israel se consolidó como tal en Egipto y en el desierto. Ellos ingresaron a la tierra de Israel cuando la Torá de Israel estaba en sus manos y el culto ritual a Dios en el Tabernáculo ya estaba activo. Más aún, las raíces más antiguas del pueblo de Israel se encuentran fuera de la tierra de Israel. Abraham, que nació fuera de la tierra de Israel, se preocupó por que su hijo Isaac no se case con mujeres de la tierra de Canaán. Él envió a su siervo a traer una mujer para su hijo “de su tierra y de su lugar natal” (Aram Naaraim, Génesis 24:10). El envío del siervo allá no sólo tenía el objetivo de evitar que Isaac se case con una mujer de la tierra de Canaan, -puesto que para ello Abraham podría haber enviado a su siervo a cualquier lugar fuera de Canaan-, sino que Abraham insistió que su siervo vaya a su tierra natal porque quiso fortalecer sus vínculos justamente con su tierra y hasta reservar para su familia por lo menos una parte de su herencia cultural de “Aram Naaraim”. Por lo tanto, culturalmente, las raíces del pueblo de Israel se encuentran fuera de la tierra de Israel.
Por otro lado, se podría encontrar una base a las palabras de la Declaración de Independencia en el libro de Ezequiel 16:3: “Así dijo Dios sobre Jerusalén: Tu origen, tu nacimiento es de la tierra de Canaán; tu padre fue amorreo y tu madre hetea”.
Jerusalén es descripta como una niña arrojada en el campo. Cuando Dios pasó por allí y la vio sucia en sus sangres, la revivió, la crió y al final cuando creció, “extendió su manto sobre ella” (se refiere a relaciones sexuales) y llegó a un pacto con ella. Al final de la descripción dice que la novia se prostituyó con imágenes de hombres, y ofreció a ellas a sus hijos, los cuales concibió con Dios. Esta imagen descriptiva de las relaciones entre el Dios de Israel y el pueblo de Israel es una excepción en la Biblia. Aunque en el mundo de la mitología son muchas las descripciones de dioses que tienen relaciones sexuales con seres humanos y conciben héroes, aquí encontramos la descripción del Dios de Israel que, supuestamente, tiene relaciones sexuales con la virgen Jerusalén y Él también concibe hijos. Estas palabras constituyen una alegoría, pero evidentemente se trata de una descripción mitológica.
Sobre la niña abandonada se dice que “su padre era amorreo y su madre hetea”. Según Moshé Grinberg en su comentario al libro de Ezequiel, el profeta quería burlarse de Israel y reprocharlo; por lo tanto, destacó las raíces paganas de Jerusalén anteriores a la conquista del rey David.
Puesto que la profecía no habla sólo de Jerusalén y sus habitantes, sino de todo el pueblo de Israel, se puede ver en este versículo mucho más. El capítulo de Ezequiel refleja una concepción fuera de lo común en la Biblia. Según el mismo, la genealogía del pueblo de Israel tiene raíces en las familias de Canaán. Los padres de “los hijos de Israel” son los amorreos y los heteos. Aún más, el pueblo de Israel nació en Canaán. Si bien los padres cananeos arrojaron a la niña “en el campo”, su origen es la tierra de Canaán, y por lo tanto, cuando el pueblo entró de nuevo a la tierra, volvió a su “tierra natal”.
Aquí, quizás, se puede ver una base bíblica antigua al concepto que refleja la Declaración de Independencia sobre el nacimiento del pueblo de Israel en la tierra de Israel.
El versículo de Ezequiel también puede brindar una nueva interpretación al relato de la cueva de Majpelá de nuestra parashá. Según él, se puede ver en el relato de su compra una polémica contra el concepto de “tu madre es hetea”, puesto que el relato cuenta que Sara fue sepultada en una tumba en medio del territorio de los heteos, en la cueva que estaba en el extremo del campo de Efrón. Este hecho conocido podría haber sido explicado como una señal de las raíces heteas de Sara, acorde a lo dicho en Ezequiel 16. Por lo tanto, el relato se ocupa de destacar que la tumba en la cual fue enterrada Sara no es realmente una tumba hetea, porque el terreno adquirido con dinero frente al público heteo, se convirtió desde entonces en un área “israelita”.
Abraham no tomó una mujer de la tierra de Canaán, de las mujeres de Het. Quien lo hizo fue Esav y el asunto amargó a sus padres (Génesis 26:34-35). Justamente Esav, que se casó con mujeres de Het, perdió la “bendición de Abraham” sobre la herencia de la tierra.
¿Por qué los libros de la Biblia destacan que nuestros patriarcas vinieron de fuera de la tierra de Israel y tomaron sus mujeres de sus lugares de origen, y que los hijos de Israel entraron a Canaán desde Egipto cuando la Torá estaba en sus manos? ¿Por qué no fue aceptado el concepto de Ezequiel? La respuesta estaría relacionada al peligro de la creencia nacional, -aquella que la Declaración de Independencia quiso cultivar-, de que la tierra de Israel es nuestro lugar de origen “natural”. La Torá quiere enseñarnos que la vida nacional en la tierra de Israel no es un valor en sí mismo, sino que depende de otros valores más elevados. Nuestro asentamiento en la tierra de Israel no es un derecho obvio ni tampoco un acto de misericordia incondicional. El pueblo de Israel, según la Biblia, es un retoño extranjero en la tierra de Israel. Sólo cuando él cumple su elevado objetivo espiritual, obtiene el derecho de heredar la tierra de Canaán.
*Profesor de Biblia, Instituto Schechter de Estudios Judaicos, Jerusalén

Editado por el Instituto Schechter de Estudios Judaicos, la Asamblea Rabínica de Israel, el Movimiento Conservador y la Unión Mundial de Sinagogas Conservadoras.
Traducción: rabina Sandra Kochmann

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